miércoles, 11 de febrero de 2015

Echar de menos como forma de vida


¿Cómo te explico que tengo los dedos perdidos de nostalgias? ¿Cómo te cuento que te echo tanto de menos que a ratos me olvido de que no fuimos nada? Dos putos trenes colisionando cada vez que nos quedábamos solos en una habitación, poco más.

Y yo creí, y yo pensé. Soñé que era posible. Pero eso no es culpa tuya. Mia. Siempre mia. Soy la dueña de mis fracasos. Soy la única persona que sabe cómo dañarme de verdad. Por eso me da por soñar que los imposibles son posibles, y que él no tenía razón. Por eso me da por soñar que alguien puede amar esta casa en ruinas, este puto corazón que está lleno de fantasmas y escombros, de cicatrices mal cerradas.

¿Sabes lo peor de que te arañen el corazón durante demasiado tiempo? NO, no te lo golpean, no quedan marcas visibles, nadie diría que está dañado. Pero por los rasguños supura la ira mal contenida de callar los daños. Y no ves cómo sangra. Pero sangra. Joder, cómo sangra. No te acerques mucho a mí, no vayas a resbalar con la sangre del suelo. Que alguien me acerque algo para recogerla.

Y con tu risa quise hacer torniquete, y paré la hemorragia. Y creí, y pensé.

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Se abrió el pecho. Sólo quería dejar escapar a las mariposas, gritaba.
Con cada aleteo me recuerdan que no estás. Con cada maldito batir de alas te echo de menos. Y si lo pienso fríamente estoy bien. Pero entonces, sin previo aviso suben a mi garganta y aletean con furia, y me ahogo, decía. Sólo quiero volver a respirar. Sólo quiero respirar.
Ojalá no me hiciesen ahogarme. Ojalá no llorar, como aquel puto enero en que agoté todas las lágrimas. Pero no me dejan, siguió, las mariposas no me dejan. Me ahogan y me hacen llorar. Y me muerden los pezones desde dentro para que te eche de menos.

Lloraba al decirlo. Sollozaba casi inaudible, el sonido amortiguado por el aleteo incesante, por miles de pequeñas alas moviéndose a una velocidad increible.

Se abrió el pecho mientras todos gritaban, asustados primero, asqueados más tarde. Se abrió el pecho y cayó desplomada, mientras miles de cucarachas salian de su interior. Su corazón con vocación de motel de carretera no era más que un maldito nido de cucarachas.

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Y ahora no puedo contarte cómo te echo de menos. Porque dije que me alejaba en silencio. Y el puto silencio me está ahogando. Fingir indiferencia nunca se me dio bien. O sí. Pero mientras finjo que estoy bien, que no tengo estas putas ganas de todo contigo, me desgarro las alas, recortando trozos para fabricar barcos que se hundan en los charcos. Pero nunca llueve. Aquí nunca llueve. Tal vez tenga que probar sus naufragios en mi mar interior.

Que me estoy muriendo, y nunca muero. Que el amor es un hijo de puta que ni siquiera mata. Que estoy bien, y me río. Y de repente me deshago en lágrimas, y no estaba preparada para esta tristeza extraña.

Que es triste que alguien sepa dónde encontrarte y no te busque. Que es una mierda que alguien sepa dónde leerte y no te lea. Que ser esta nada absoluta me mata sin muerte.



Hoy llevo aquel vestido que llevaba la noche que bailamos. Y seguro que ni siquiera lo recuerdas. Y de repente está cubierto de melancolía, y pesa como no recordaba que pudiese pesar un vestido. Que llevarlo y sentir que me besas mientras me lo arrancas es inmediato. Y joder, y joder.

Este no lleva cremallera, dijiste. Vas a tener que borrar aquello que escribiste.

Y no, no llevaba cremallera, pero era más tuyo que mio, que aún compro los vestidos pensando en ti.

Y ya. Que te echo de menos. Que ni sé si me recuerdas.


6 comentarios:

  1. Vengo rauda y veloz...y me muero por leerte Ali...eres como una droga de sopa de letras!!! te leo y vuelvo a leerte. Y no creas, pero ahora me iré y a la noche volveré a leerte, porque con el estado de ánimo, las mañanas y las noches hacen que un escrito parezca distinto. Y a mi me pasa eso contigo. Si no te leo hoy volveré mañana.
    Sabes...me identifico bastante con eso de "echar de menos como forma de vida"...yo...de diferente manera a la tuya también echo de menos...a veces la tristeza me atrapa y otras veces no lo consigue...pero cada día me levanto pensando que me gusta sentirme así. Porque quiero a alguien...hacía mil años que no necesitaba querer a nadie. Y fíjate lo que digo...no necesitaba...eso es peor que querer y no encontrar...

    Y sí. Estoy segura que te recuerda. Pero quizás no sabrás nunca con qué intensidad...

    Besos preciosa Ali
    Me encantas
    Pero eso...ya lo sabes....

    MUAAAAAAAAAAAAAAAAA

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  2. Jodeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!!

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  3. Que dificil que es despegarse el dolor del ánimo. Se cuela adentro como un extranjero invasor sediento de calor y por eso siembra un profundo frío en el interior del cuerpo. Traigo hoy para ti un cálido beso y lo dejo aquí, como una semilla de la que nazca un tíbio sol que luzca con esplendor cada una de tus mañanas.

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  4. Las chicas tristes somos adictas a la melancolía cariño y a la sangre que supuran nuestras heridas. No diré las cosas manidas que ya sabes, solo te abrazo.

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  5. Me gusta mucho como escribís. El primero me rompió el corazón y me lo volvió a sanar, lo sentí tanto. Y en un momento sentí envidia por no ser yo la que logré escribir eso. Te felicito, me encanta.

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  6. A mí también se me convertían las mariposas en cucarachas. Pensaba que las mariposas echarían a las cucarachas de mi corazón. Un día descubrí que las cucarachas se alimentaban de mis mariposas, y se multiplicaban.

    Decidí cambiar de plan. En vez de follar para engendrar mariposas, me dejé follar por mis cucarachas.

    Ya no fabrico vidas imposibles, ni espero que mi corazón sea fumigado a golpe de vagina. Las cucarachas me esperan cada noche para recordarme que aún me siguen deseando.

    Pero cada noche, al destapar mi cama, las cuento...y cada día hay menos. Ni ellas viven sólo de sexo.

    PD: Eres brutal escribiendo...

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