jueves, 22 de enero de 2015

Batalla campal en mi cabeza

No comes nada, dice mi madre. Últimamente anda agobiada por mi peso. Hay culpas, creo, que uno nunca supera. Yo nunca se lo he dicho, nunca hablamos de aquello. Pero lo sabe, sabe que nunca le perdoné que no estuviese. ¿Y si hubiese estado habría cambiado algo? No, seguramente la hubiese odiado más de lo que la odiaba en aquel momento. Hay cosas que es mejor pasar en silencio y en soledad, creo. Hay cosas que sólo puedes cambiar tú.

Y no, no es que no coma. Como, pero como el puto desastre que soy. Cuando me gusta algo como mucho. El resto del tiempo me mato a ensaladas. Si estoy sola me olvido de comer. Es así de sencillo. Un puto desastre, el desequilibrio total.

Y estos días como con ansiedad, y sólo comería porquerías. Y me subo desnuda al peso del baño, asustada por lo que esta semana de mierda habrá conseguido. Me miro al espejo y no soy capaz de distinguir si he engordado o adelgazado. Dos kilos menos, y van cuatro desde navidades. La operación biquini va de puta madre, sí. Y me preocupo, y alguien dentro de mi da saltitos de alegría y yo la acallo con un “calla, maldita hija de puta” dicho en voz alta.

No, hay infiernos a los que no me da la gana volver. Volveré a leer El Palacio de la luna, a ver si sigue teniendo el mismo efecto sanador que tuvo hace años.

A mí me han rescatado de la vida las cosas más absurdas. Un libro, una comida con Julio, una canción de Aerosmith. Recuerdo dónde estaba exactamente. Iba hacia la ciudad en el cercanías que ya ni existe. Sólo quería llorar y morir. Estaba dentro de lo que creí la relación más tóxica que podía tener. Juas. Ahí estaba el tiempo empeñado en demostrarme lo equivocada que estaba. Y de repente sonó Crazy, y yo vi claro lo que tenía que hacer. No sé explicarlo, pero fue un momento de claridad absoluta, sin una puta duda. Con el libro y la comida me pasó igual.

Ahora necesito uno de esos momentos de ver la puta luz, de que mi cerebro procese toda la maldita información y amordace a mi corazón absurdo que se empeña en que te quiere, aunque no tenga ninguna posibilidad. Es tiempo de mirar a la realidad a los ojos y batirse en retirada. Pero no veo la puta luz, ni la forma de hacerlo. Porque el hijo de puta de mi corazón grita que un poco más, y mis pezones que te echan de menos y mi risa que ya no recuerda cómo se reía. Y contigo parecía tan fácil.

Y a ratos tengo la sensación de que será sencillo. Y a ratos sé que no podré. Si lo pude superar a él podré con cualquier cosa. Y entonces Hija de puta susurra en mi cabeza que no. “¿No te das cuenta de la diferencia, pequeña imbécil? Con él sabías que era imposible, por más que te negaras. Nunca imaginaste un futuro, siempre supiste que no lo habría”. Y es cierto. Contigo imaginé un puto futuro, y era tan cojonudo como posible. Sí, mi problema es que no te supe ver como un imposible más. Y entonces Cabrona me dice a gritos que cómo no pude darme cuenta, cómo creí que alguien como tú me podría querer. Y entonces escucho la voz de alguien a quien no conozco. Esa es culpa tuya, esa la has creado tú. Y me dice que por qué no. “Eres inteligente, dulce, espontánea, una pervertida, y te sientan bien los vestidos”. Y esa, esa a la que nunca he escuchado, esa dice esas cosas que tú me decías. La mujer que todo lo hace bien, me llamabas. Y sonaba a cachondeo, pero me lo decías con esa mirada, que, joder, te creí.

Y ahora imagino que esa que habla, y que creo que se llama Autoestima, morirá. Cabrona e Hija de puta cada vez gritan más alto, y es fácil dejar de escuchar a quien nunca estuvo aquí. Y no debería, ella nunca debería morir.

Y joder, que te echo de menos. Y que te sigo escribiendo, aunque sé que no me lees.

4 comentarios:

  1. Uff... Qué rayada Ali!!! ¿Por qué no te las cargas a todas y haces lo que te de la gana, o lo que te pida el cuerpo?

    Un abrazo guapa!!!

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  2. Ay preciosa... No caigas en ese pozo, por favor.

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  3. Hoy estoy antipático, lo reconozco.
    Déjame decirte algo:nadie muere de amor.
    Cuando todo está complicado un amor ayuda mucho. Un amor puede darle a la vida un sentido especial. Puede hacerla luminosa, fragante, increíble, pero si ese amor no aparece, o ya no está, la vida en si misma tiene sentido. Es difícil encontrarlo a veces y hablo por experiencia, pero aquí estamos y el lema es "resistir".
    Un beso grande

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  4. Tengo una disparatada solución para éstas cuítas. Cumplir con la rutina vital a rajatabla. Izarse de la cama, Desayunar, Currar, Guisar, Salir de paseo, aunque nieve. Leer a horas fijas y así cada día. Hasta que pase el temporal, que claro que pasa, hay que cumplir con una exahustiva lista que comprometa cada hora para ocupar la mente en cosas útilies. Un beso.

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