lunes, 15 de diciembre de 2014

Cosas estúpidas que pensar un lunes por la mañana


En ti.

En alguien que no está, ni quiere estar.

Cada vez que escucho ese puto zumbido en mis oídos, pensar si me estarás pensando. Y no. Y nunca.

En que sigo comprando vestidos pensando en cómo me mirabas cuando aún querías bajarme esa puta cremallera que este vestido jodidamente perfecto sí tiene.

En si tu hija habrá recibido un video de Papá Noel, y desear preparárselo, como he hecho para mis hijas.

En que ya he sonreído, pensando en enviarte esa sonrisa, por si la necesitas.

En que no lo haré, porque quién iba a querer mis sonrisas un puto lunes por la mañana.
 
En que he aprendido a hacer pajaritas. Y a nadie le importa.

En que ya no tengo ni ganas de masturbarme, ni siquiera eso.

En que ya no, en que nunca más.

En cuánto me odio. En que estoy empezando una puta lista, de esas que odio para anotar lo poco bueno que recuerdo de mí, a ver si esta vez hago pie pronto en este maldito agujero, y puedo flotar, sólo eso.

En lo estúpida que me siento. En lo adolescente que me siento. Y entonces recuerdo que no, que esto de adolescente no me hubiese pasado, porque te hubiese extirpado en modo preventivo, en aquellos arranques de orgullosa mala hostia que tanto echo de menos. Que sí, que le perdí a él por no bajarme de mi orgullo a los 17. Pero por lo menos no parecía esta cosa absurda que quiere sin que la quieran.

En arrancarme el corazón sin anestesia, para que nada duela.

En que mi cama, esa que sólo nos vio sudarnos una vez, te echa extrañamente de menos.

En que no puedo llorar. Ni una puta absurda lágrima. Y duele aguantar todo esto dentro. Duele no poder ni escribir algo digno sobre ello. Sólo me sale una maldita lista de todo lo que te echo de menos.

En que cuando él se para en el pasillo y me dice “No te estoy mirando, te estoy admirando”, sólo deseo que fueses tú. Joder. Y me invita, de nuevo, y digo no, de nuevo. Porque soy incapaz de estar con nadie cuando mi cuerpo te grita te quieros. Mi mente no. Mi mente ha empezado a odiar tu indiferencia hace más o menos tres intentos de no decirte una palabra.

En que no, en que nunca, en que siempre es igual.

En que sigo siendo nada, nieve, muerte.

En que fui incapaz de interesar a nadie más de un puto mes, excepto a un enfermo.

En que te sigo escribiendo. Aunque no me leas. Aunque te importe una mierda.

En que normal. Yo tampoco querría leerme, escribiendo como escribo.

6 comentarios:

  1. A mí me importa que sepas hacer pajaritas y que sonrías...

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    1. Ay, que te adoro. Te abrazo tan fuerte preciosa...
      Lo malo de esa sonrisa es que se me congela cuando recuerdo que no puedo enviársela.
      Te achucho fuerte.

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  2. Vale, sé que os gustaban más los post eróticos de antes que mi tristeza moñas. A mi también. Pero a alguien en blogger se le ha ido mucho la cabeza para que un post de un blog con 41 seguidores tenga 2009 G+1. Os lo recuerdo por si queréis ponerle más. Juas. Ains, aquellos tiempos en que follaba en mi imaginación y recordaba cómo escribir...
    http://www.reconversiondesalmada.blogspot.com.es/2014/01/una-cerveza-y-despido-tristeza.html?m=1

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  3. Pues a un servidor, sin que mi comentario tenga que ser influyente, disfruta mucho más con este registro tuyo al que tú mal-llamas "tristeza moñas". :*

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    1. Pues si supieses que tu opinión sí me importa, muchisimo. Te abrazo fuerte. Un besazo. Nos debemos un concierto, no? ;)***

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  4. Hace más o menos tres intentos de no decirte una palabra. Que bella expresión. Tanto que casí me parece un poema completo ¿Y que tendrán las palabras de nuestra mente loca, que necesitan del acicate de la soledad para nacer? Un beso.

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