miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un beso, sólo un beso



Cada hora. Cada hora la besaba. Cuando todo aquello empezó le parecía un absurdo. ¿Cómo podía alguien vivir besando a una completa desconocida cada hora. Pero era su trabajo, su obligación. Se abría aquella puertecita, caminaba hasta el centro, mientras ella se acercaba, como flotando, se besaban y luego se alejaban, sin más. Ni una palabra, ni un gesto. Un beso, un beso frío y alejarse. Nada más.

Cada hora lo mismo, la misma función estúpida. ¿Qué pensaría ella? ¿Qué sentiría?

Al principio, los primeros meses, ella se acercaba mirando al suelo de madera, y al besarlo cerraba los ojos, pero no como los cierran los enamorados, como si quisiesen convertirse en uno mientras se besan, como si así pudiesen acercarse más. No, apretaba los ojos, como si no quisiese ver lo que ocurría. Normal, pensaba él. Es todo tan frío, tan aséptico y poco pasional. No era lo que alguien sueña cuando piensa en besar a alguien, no era lo que él esperaba. Nunca había besado a nadie excepto a ella. ¿Cómo sería besar a alguien a quien amas?
La misma pregunta flotando en el aire cada maldita hora.


Un día la vio acercarse, pero levantó la vista fugazmente del suelo. Luego mejillas sonrojándose, y el beso. Y era el mismo beso de siempre, pero no parecía igual. Sintió el calor de los labios sobre los suyos, el corazón latiéndole más rápido, y no sabía si aquel sonido era el de su corazón o el de ella. Y a la siguiente hora un pequeño parpadeo, una mirada, la respiración acelerada, el beso. La respiración cálida de ella perdiéndose en su boca, su pecho sobre su pecho. Y la siguiente hora, joder, qué larga la espera, y ella acercándose mirándole a los ojos, las manos rozándose, el corazón latiéndole en la punta de la lengua, sobre la lengua de ella.

Y la siguiente hora las ganas, los dedos entrelazados, la cadera de ella girando levemente hacia la de él. Y separarse, tener que separarse.
Y la siguiente, notar los pezones apretándose contra su pecho, las caderas acopladas, y el beso, queriendo alargar el bendito beso.

Y cada hora la espera, el beso, la tortura de no poder arrancarse la ropa y lamerse, acariciarse, follarse.
Y un te amo susurrado en los labios, y el deseo torturándolos, cada hora, cada puta dulce hora.
Pasaba la hora planeando huidas imposibles, vidas felices gemidas, sin mirar el reloj, jamás. Y apretar los puños, intentar mover los pies para correr hacia ella, agarrarla de la mano y huir lejos de aquel escenario.
Y soñar imposibles posibles.

Un día, una de aquellas horas, de tanto soñar con mover los pies y echar a correr hacia su cuerpo, noto un movimiento, vencer el miedo. Tal vez fuese posible, echo a correr. No bastaría con la mano, la agarro de la cintura y la arrastró en su huida, corriendo los dos, riendo como locos.



Al día siguiente el sonido de los minutos cabalgando, tic, tac, acercándose las manecillas, y el sonido de la puerta abriéndose.
- ¿Qué ha pasado en el reloj de cuco? ¿Has quitado tú los muñecos?
- ¿Yo? Se habrán hartado de darse besos cada hora y se habrán largado.
- Pues yo creo que han huido juntos, y enamorados, y ahora estarán follando en algún rincón, sin los barrotes de las manecillas juntándoles y separándoles.


- Tú es que siempre fuiste una soñadora romántica.

5 comentarios:

  1. No son nuevos. Estoy uniendo los dos blogs, porque me disperso. Disculpad si no he contestado comentarios. Ando descentrada y a ratos triste. Lo siento.
    Un besazo.

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  2. Yo creo que los besos están sobrevalorados en nuestro imaginario sentimental pero mira a falta de pan.
    Fijate yo con tal de que no sonase el reloj de cuco, con lo coñazo que es por las noches, hasta les compraba un billete para que hiciesen juntos un crucero de un mes por el Mediterráneo.
    Besos, Ali Cia

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  3. ¿Los besos sobrevalorados? Noooooooo...quizás el amor, pero los besos...lo que sí es cierto es que a veces nos confunden ¿verdad Alicia?

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  4. Yo creo que los besos no están sobrevalorados. Son esperanza, comienzos, finales. Lo malo es todo lo demás, ahí es donde la jodemos. Yo lo que más echo de menos, siempre, son los besos.
    A mi me encantan esos relojes. Fascinación infantil, supongo.
    Besos a los dos!!!

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  5. Siempre tan romántica, tan vigorosa...
    Me gusta verla así signorina,...
    Besos muchossssss y un Martini
    S

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