sábado, 24 de mayo de 2014

Caminar a ciegas, creyendo que existes



Cerró los ojos justo cuando llegó al borde de la acera. Paró un segundo que le pareció eterno.
Tienes que arriesgar, se dijo. Necesitas una prueba de que hay esperanza.

Se había vuelto loca, pensó en un instante de lucidez. Pero tenía que hacerlo, aunque escapase a toda lógica, por lo mismo que tenía que rezar 4 veces cada vez que pasaba por aquel kilómetro de la antigua nacional. Seguía haciéndolo ahora que ya no creía en nada.
¿Seguro que no crees en nada?, escuchó a un pensamiento al cruzar a una velocidad vertiginosa.
En su cabeza siempre estuvo claro que era todo confuso. Conocía las normas, la ética. No quería hacer daño a nadie, pero los pensamientos contrarios estaban ahí. Siempre consigo controlarlos, se repetía. Mientes. Otro pensamiento.
Últimamente  algunos consigues racionalizarlos, relativizar su naturaleza perversa. Te mientes y buscas razones para legitimarlos. Haces locuras que antes ni te hubieses planteado como posibles, aunque en tu mente estuviesen gritando, golpeando en espirales.


Tal vez en el fondo sí creía en algo. Necesitaba creer, aunque la razón le dijese que no. Pero no. No rezaba por fe. Rezaba por rutina, por seguir un ritual. Cuatro veces en aquel puto kilómetro desde que sintió aquel escalofrío justo en el instante en que sonaba el teléfono. Ella era sólo una niña, pero lo recordaba con nitidez. Su madre asintiendo entre lágrimas, su cara al derrumbarse al colgar, y al segundo siguiente ya estaba rehecha y práctica, organizando para luchar contra aquella tristeza. Aún recordaba lo que cenó aquella puta noche, mientras todos iban y venían.

Su primo quería volar. Siempre fue su sueño. Se lo contaba entre historias de dinosaurios y clases de ajedrez. Ahora lo piensa y sonríe por lo cruel de la casualidad.
Su primo voló en el coche en el que iba, terraplén abajo. Voló literalmente, y luego amasijo de hierros, muerte, nada. Fin, el puto fin.
Fin justo al comienzo. Él sí creía. Era extraño porque era jodidamente racional y lógico. Excepto con la fe.


Sí, era más fácil pensar que estaba en un lugar feliz, que después del puto fin había algo. Era más fácil y a la vez una trampa letal. Si crees pospones. Dejas de hacer cosas que te gritan las entrañas sólo por no arriesgar algo que seguramente ni siquiera existe.
Tememos disfrutar por miedo al infierno, cuando el verdadero infierno es una vida gris, sin saltos a abismos, sin intentar mover las alas que el instinto te dice que tienes, sin alzar el vuelo.

Se tocó unos segundos los omóplatos. Esos bultos eran muñones de sus alas, que se habían ido cortando al no creer en ellas. Estaba segura.
Y ahora que había decidido usarlas no conseguía desplegar ni un milímetro aquellos muñones. No conseguía vivir. Y luego estaba aquella tristeza. Aquella puta tristeza. Podía olerla antes de que llegase. Olía a calma densa, a soledad no elegida. Olía a lágrimas a punto de desbordar. Aquella puta tristeza sin un motivo claro.


Llevaba meses soñando con el mismo desconocido. No era parecido a ninguno de sus “él”, a ninguno de los que fueron importantes. La abrazó sin más un día en sueños. Allí estaba ella, huyendo de sus pesadillas y sus asesinos en serie, cuando de repente vio a aquel tío alto, moreno y con barba mirándola fijamente.
Tranquila, te estaba buscando, le dijo. Te pienso abrazar.
Y despertó notando aún sus brazos rodeándola.
Sólo eso, cada noche un abrazo. Cada noche un poco más íntimo, más cercano. Cotidiano, pensó. No, cotidiano no, o sí, pero nunca rutinario. Nunca fueron rutina, a pesar de ser siempre un mismo abrazo.


Y luego despertaba, sonriendo, pero sabiéndose jodida. Cada día lo buscaba en cada rostro que se cruzaba, en todas las miradas.
Te estás volviendo loca, observando a los tíos en la calle, en el metro.
Pero era imposible. ¿Cómo iba a encontrarle? Quizás ni siquiera existía. Y esa duda la estaba matando.
Las dudas son unas pequeñas hijas de puta. Al principio parecen inofensivas, poca cosa. Puedes con ellas, seguro, te dices a ti mismo. Pero poco a poco convierten tus cimientos en arena de playa.
Con lo que quedó de aquellas dudas ella intentó construir un castillo. Pero las olas siempre acababan lamiéndole los muros, llevándose todo por delante.
Putas dudas, pensó.

Aquella mañana estuvo segura de que no podría con aquellas dudas. Si no existía necesitaba saberlo. Seguir adelante o acabar.
Masoquista sentimental de mierda, pensó, siempre queriendo certezas, aunque te destrocen.


Así que allí estaba, dispuesta a encontrar su certeza.
La noche anterior le abrazó en sueños, le besó, follaron como animales en celo. No supo si se atrevió porque tenía sabor a despedida.
Cerró los ojos, respiró hondo durante ese segundo de pánico, de incertidumbre, y sonriendo bajó de la acera. Caminó a ciegas entre el tráfico, los coches que pasaban rozándola, los gritos entre enfadados y asustados de los conductores, y los chillidos que la llamaban desde la acera. Y ella seguía avanzando, buscando a ciegas su camino, tanteando el aire con las manos extendidas.


Y de repente una mano sacándola del caos, una mano aferrándose suave y firme a su muñeca.
Cuando abrió los ojos le vio. Su desconocido la miraba enfadado.

- ¿En qué coño pensabas? ¿Quieres morir o qué?, preguntó él mirándola a los ojos.
- Te estaba buscando, contestó.
- ¿Qué? ¿A mi? Pero si tú y yo ni siquiera nos conocemos.
- Anoche me abrazaste, le dijo. Anoche me abrazaste y follamos. Y fui feliz.
- Estás loca, contestó. Le temblaban los labios.
- Puedo demostrártelo. Te llevaste mis bragas en el bolsillo. No querías olvidarme al despertar, dijiste.

Y él se palpó nervioso el bolsillo. Y de repente una mirada sorprendida y la mano buscando sin creer encontrar.

- ¿Qué coño…? Joder, ¿cómo?, dijo él con las bragas negras de estrellas en la punta de los dedos.
- Mira en el otro bolsillo, pidió ella.

Como en trance él sacó un papel doblado formando un corazón de origami. Al desdoblarlo pudo leer una nota. “No puedo más con esta duda. ¿Existes? Aún así te quiero.”
Sin saber por qué la abrazó, como si llevase toda una vida abrazándola.



Y después ruido de ambulancias, gritos.

No pude esquivarla, juro que no pude esquivarla. Sólo vi su extraña sonrisa y ya era tarde. Que alguien le tape esa sonrisa, joder.


Y sí, sonreía. Joder, cómo sonreía.

16 comentarios:

  1. Joder Alicia! Veo que el publicar menos no te hace perder la magia.
    Precioso de principio a fin, y con tus frases sublimes como siempre.
    Me voy como siempre, de puntillas a unos centímetros del suelo, sin rozarlo al andar.
    Besitos

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    1. Ohhh, joder. Estaba en pleno ataque de pánico, casi borro el post pensando que era penoso, y justo me llega tu comentario. Me has emocionado. Gracias por leerme con ese cariño.
      Un besazo Inma. A mi sí me has dejado flotando.

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    2. Eres más tonti...

      Mira, ésto es tuyo: "Las dudas son unas pequeñas hijas de puta. Al principio parecen inofensivas, poca cosa. Puedes con ellas, seguro, te dices a ti mismo. Pero poco a poco convierten tus cimientos en arena de playa."

      Sólo por la última frase ya vale la pena, imagina, todo el post está lleno de frases así, esa mezcla que haces en tus textos entre poética y sórdida es tu mayor encanto, no lo pierdas.

      Más besos

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    3. Es la cabrona, que me dice que es horrible el relato, y yo a ratos la escucho, soy tonti, sí, mucho.
      Me gusta lo de poética y sórdida. Millones de gracias.
      Más besos. Hoy te los doy todos.

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  2. Me encanta, me encanta, me encanta!!

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    1. A mi me encantas tú! Me alegra que te guste!
      Un besazo.

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  3. con toque de origami y todo
    tienes una form de escribir muy tuya
    me encanta un besazo guapa
    K

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    1. Me encanta que te encante. Gracias por estar siempre K, en serio.
      Un besazo.

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  4. A mi también me ha gustado Alicia!

    Me has tenido en vilo todo el relato pensando que era solo una paranoia y al final, justo en las últimas frases... zas! Sorpresa!

    Muy buena la entrada!
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias! Me gustan los finales distintos, desconcertantes. Si lo he conseguido, genial.
      Un abrazo y gracias.

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  5. Sí, esa poética sórdida, esas imágenes increíbles que provocas, esa mezcla de realidad y ficción, esas frases para apuntar y aprender de memoria...Este relato es una absoluta maravilla que creo que da un paso más adelante en tu escritura con un final insuperable, haces algo muy difícil que es crear en el lector un torbellino de emociones durante toda la lectura. Escribes de manera impresionante (ya te prometí un día que no iba a dejar de repetírtelo hasta que te lo creyeras) y lo seguirás haciendo igual de bien si estuvieras en el desierto o si no te leyera nadie, ¿eso que importa? Un besazo de los grandes y un abrazo de los gigantes. Y gracias por escribir.

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    1. Sabes que nunca lo creeré. Ojalá no importase la opinión de la gente, pero el hecho es que importa, sobre todo la de algunas personas. Por eso te echo de menos cuando tardas, porque me gusta saber qué te ha parecido.
      Un besazo, y gracias por ser tú. Eres genial.

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  6. "Era tan necia en la época en que lo escribí... Que ponía precio a cosas que no se podían hacer, pensar ni decir, como haría aquel que quisiera encerrar el mar en su ojo, llevar el mundo sobre la punta de un junco, e iluminar el sol con un farol o una antorcha. Era más necia que quien quisiera hacer estas tres cosas.

    Cuando puse precio
    a lo que no podía decirse
    y me hallé presa
    en escribir estas palabras.
    Pero así emprendí mi camino
    para acudir en mi propio socorro,
    y alcanzar al fin la cúspide
    del estado
    del que hablamos..."

    Nunca subestimes la fe. Margarita Porete escribió con fe estas líneas. Tenía fe en ella misma y en lo que sentía. Por estas palabras murió quemada en la hoguera, pero mantuvo intacta su propia fe. Murió por ser demasiado ella en una época en la que las mujeres no lo podían ser. Hoy "El espejo de las almas simples" se ha traducido a muchas lenguas y se sigue leyendo por aquellas personas que se buscan a sí mismas, más allá de sí mismas. Su voz sigue viva cuando las voces de sus inquisidores hace muchos siglos que dejaron de existir. La fe en uno mismo es poderosa y yo sigo creyendo en ti...

    Postdata: cada día escribes mejor, pero eso no me importa tanto como que tú estés bien y creas en ti misma. No tengas ninguna duda: el chico del abrazo sería afortunado. Encuéntralo, o deja que él te encuentre. Estás hecha exactamente para ese tipo de abrazos. Tal vez ya te hayas cruzado con él y aún no lo sepas, quién sabe. La vida es aparentemente caprichosa y tiene un extraño sentido del humor a veces nada gracioso. Pero la sonrisa la ponemos nosotros. Es nuestra potestad. Siempre somos libres de sonreír, a pesar de los pesares; a pesar de todo...

    El domingo terminé un libro. En él varias frases fueron relámpagos de luz:

    "... Y si ponerse en camino cuando ni siquiera sabes si podrás llegar a tu destino no es un pequeño milagro, que venga Dios y lo vea."

    "... Comprendió que las personas acaban tomando las decisiones que deseaban tomar, y que algunas se hacían daño a sí mismas y a sus seres queridos, y otras pasaban inadvertidas, mientras que unas pocas repartían alegría." Y, dicho esto, permite que te diga que, aunque sólo sea a modo de ritual, rezaré por ti para que sigas siendo de éstas últimas personas. Regalar un pedacito de papel doblado en el metro y conseguir una sonrisa, es pura magia, ¿lo recuerdas? Salió de ti, de tu propio interior. Tu fe sigue ahí intacta, en alguna parte, como la mía, como la de Ficti o la de todas las personas que lo están pasando mal ahora por motivos mucho más que justificados. Pero, incluso en esos momentos, atravesando infiernos, hay algo que sostiene todo y que no está separado de ti, ni de mí, ni de nadie. Te parecerá absurdo, pero sigo creyendo en todos nosotros y en que al final todo estará bien. Tal vez Margarita vivía eso, lo sabía en sus huesos, y por eso no le tembló la voz.

    Tal vez este comentario no tenga mucho que ver con tus letras, o tal vez sí. Ya sabes cómo funciona mi mente saltarina. Es igual, te lo dejo de todos modos.
    Muchos besos. ;)

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    1. Me he acordado tanto de ti este fin de semana... Nadie valora mis bobadas y mis historias diminutas como tú. No creo que nadie más las recuerde, y sin embargo este fin de semana un adolescente que me escucha como tú recordó una de mis historias, y te imaginé en sus ojos mirándome sonriente, escuchándome como si importase.
      Me encanta tu comentario, ya te lo dije. Siempre consigues golpear justo aquí, en el pecho.
      Que te quiero, pero eso ya lo sabes.
      No me hagas caso. Estoy de un moñas...

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  7. Increíble. Y solo acabo de empezar a leerte.

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