martes, 25 de marzo de 2014

Te buscaré en mis pesadillas





Me he vuelto a despertar asustada. De nuevo. Putas pesadillas.
¿Cuándo empezaron? Creo que cuando dejé de existir. Uno puede seguir ahí sin estar, sin ser. Tu cuerpo sigue en el mismo lugar, pero lo habita alguien extraño que no eres tú. Un día despiertas y piensas “Joder, ¿quién es esa que aparece en mis sueños? Me recuerda a alguien.”
La de mis sueños era yo, siempre fui yo. Allí era la de siempre, la del carácter fuerte, la borde. Seguía siendo esa que ya nunca era.
Sí, los sueños comenzaron con mi fin. Supongo que sólo era forma de seguir siendo yo misma, lejos de él, lejos de juicios y críticas. Sin ser esa cosa asustadiza en que me convertí. Un puto perfecto florero. Sí. Qué ganas de romperlo en mil pedazos. Qué ganas de romperme en mil pedazos.
En mis sueños siempre estaba sola entre los escombros. Los únicos que estaban allí eran mis monstruos, y los que me perseguían. Apocalípsis, terremotos, asesinos en serie. Divertido, sí.

Pero de vez en cuando, de repente una mano saliendo de una puerta entreabierta, tirando de mi. Y cuando ya estaba contra la pared, sabiéndome muerta, se acercaba y le veía nítidamente. Él, mi primer él, aquel con el que miraba las estrellas, el primero que no huyó de mis rarezas.
Se acercaba un poco más, sonriéndome con los ojos y me besaba. Y follábamos entre los escombros como nunca lo habíamos hecho. Porque nunca follé con él. Nunca ni un puto beso real.

Y después noches enteras de buscarlo por ciudades extrañas, por calles desiertas llenas de los cascotes y de hierros retorcidos de lo que alguna vez fue civilización. Y sólo encontrar muertos, asesinos, cuchillos clavándose en mi, monstruos. Y perder toda esperanza de ser feliz durante ese puto instante.

Y un día, sin más, cuando ya ni le buscaba, volvía para follarme en sueños.


Pasó el tiempo. Rompí el florero. Me hice pedacitos para reconstruirme distinta, parecida a la que le buscaba en sueños.
Cada vez recuerdo menos las pesadillas. Cada vez son menos frecuentes. Supongo que mi reconstrucción va bien.  Pero aún le sigo buscando en sueños.



Despierto asustada, intento liberarme de los brazos que me aprisionan, aún medio dormida. Pero no es uno de mis monstruos, eres tú, que me abrazas. Me cuesta un instante recordar que me quedé a dormir. Era tarde. El vino. Tengo que acordarme de no tomar vino. Me pone cachonda y vulnerable, una pésima combinación. Y no puedo permitirme perder el control de esa forma.


¿Habré hablado en sueños? Ella hablaba en sueños. Conversaciones enteras, coherentes, jodidamente sinceras (demasiado). Por eso dejé de hablar con ella cuando dormía. Hay cosas que no se deben decir, secretos que no hay que confesar ni a una misma, o todo estallará en pedazos.
Siempre temí hablar en sueños, nombrarle en sueños. Siempre fui asquerosamente fiel, hasta con el pensamiento. Pero en mis sueños no le recordaba, no existía nadie más en aquel mundo que E y yo. Sólo nosotros. ¿Pero cómo justificas eso? ¿Cómo explicas los te quieros susurrados a otro en sueños?



Tranquila preciosa, no te asustes. Hablabas en sueños. Gritabas, luego te calmaste y me hablabas, pensé que estabas despierta.

Sonríe. Joder, sonríe. No debo haber dicho nada inoportuno. Pero, … ¿por qué sonríe así?

Se acerca, me coge por las caderas y me sienta a horcajadas encima de él, sin dejar de mirarme a los ojos. Noto su erección a través de la ropa interior, dura contra mi. Me agarra las bragas por la goma y me las arranca de un tirón. Joder, gimo, eran mis bragas favoritas, me quejo con poca convicción.

Te compraré treinta bragas, sonríe con malicia.

Capullo, susurro mientras empieza a besarme. Es un beso lento, dulce. No estoy acostumbrada, no puedo. 


Le muerdo el labio inferior, clavando los dientes, con rabia. Me agarra más fuerte el culo, y con la otra mano acaricia mi nuca. Hundo más los dientes. Necesito sexo salvaje, violento, sin resquicios para la ternura. No me acaricies ahora, joder, si te pones tierno no querré que te vayas. Pero te irás, todos se van. Soy un monstruo. Todos se marchan. Así que la coraza bien soldada, que no queden grietas por las que colarse. No soportaré una decepción más sin convertirme en una hija de puta insensible. Prefiero ser esto que muere en recuerdos, que llora de rabia al saber que no fui nada. Nada, nunca, nieve, muerte. Mi recuerdo no da ni para un poema, así de inolvidable soy. 


No me jodas y no hagas que baje la guardia. Tú no me vas a decepcionar. Esto es sexo, sólo eso. Lo acordamos así. No puedes follar con tu primer amor, sabiendo que eres nada, nunca, nieve, muerte, que eres sólo un polvo para él y dejar resquicios a la ternura. Para eso ya te busco en sueños. Allí sí me acaricias. Allí sí. Aquí ni se te ocurra. Sé lo olvidable que soy. La putada es que yo no olvido. Acumulo derrotas, heridas, cicatrices. Y ya no me caben más. Tengo el recuerdo lleno de cadáveres de lo que pudo ser y ni un puto saco de cal viva.

 Así que fóllame como si me odiases. Nada más.


Me agarras del pelo, tiras hacia atrás. Cuando me separo noto el sabor metálico, tu labio sangrando. Me tumbas, sin delicadeza, me agarras las muñecas y las sujetas juntas a un lado de mi cuerpo, mientras empiezas a lamerme el clítoris y a morder mis labios. Lames, recorres los labios con tu lengua, me penetras con ella, vuelves a lamer, agarras el clítoris con los dientes y tiras. Gimo. Me retuerzo. Me miras y muerdes, tiras fuerte con los dientes clavados mientras con los dedos me pellizcas el pezón izquierdo. 


Joder, joder, joder, gimo. Y tiras más fuerte. 


Te bajas los calzoncillos y me la metes sin preámbulos. Grito. Sonríes. Sales y entras con violencia, carne chocando con carne, olor a sexo inundando la habitación. Me muerdes el pezón y tiras. Reprimo un grito mientras un espasmo recorre mi espalda. Me arqueo entre tus piernas, contra el colchón. Contracciones sobre tu polla, abrazándola, mi coño gritando te quieros en forma de convulsiones. 


Me agarras del cuello mientras me corro. Tus ojos clavados en mis ojos, observando cómo se vuelven verde orgasmo. Aumentas el ritmo. Me muerdes los labios, tu lengua bailando con la mia, en una pelea a muerte. Un gruñido ronco, te corres, y tu peso aplasta mi pecho.


Me besas suave, dulce de nuevo. No, joder, no. Ternura ahora no, que tengo la coraza por los tobillos, esperando que recupere las fuerzas para subirla de nuevo.


Da igual Ali, dices.

¿Qué da igual? Pregunto mirándote a los ojos.

Cómo quieras follarme, que lo hagas como si me odiaras, contestas.

Es que te odio, miento.

Yo también te quiero, dices serio, mirándome a los ojos, y joder, escucho caer murallas, defensas, empalizadas.

Yo no te quiero, balbuceo intentando levantarme.

No me jodas Ali, no me mientas. Me quieres, me lo has dicho en sueños. Como cada vez que te busqué para poder follarte entre las ruinas.

Lo miro, descolocada, mientras noto cómo mi coraza se convierte en un líquido resbaladizo.
Le acaricio la cara, le beso. No te preocupes, cuando me despierte te habrás ido, sólo déjame despertar. Te he visto desaparecer demasiadas veces en sueños, susurro

Seguiré aquí cuando despiertes, Ali. No voy a ningún sitio.

No te creo. Ya nunca creo.


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Pero y si...