viernes, 22 de noviembre de 2013

Soy mala compañía cuando estoy triste

Abro la lata de cerveza helada. Me gusta ese momento, el chasquido del metal al separarse, el olor que lo invade todo, el sonido al caer en el vaso.
Mi vaso está lleno de estrellas que se ahogan en la cerveza, hasta que voy vaciandolo, y mientras yo lo veo medio vacío ellas respiran aliviadas de mi tristeza. Entonces lo miro y las veo dibujadas en el cristal, sonriéndome con sorna.

Hace semanas que ni siquiera me masturbo. Y, joder, no contaba con esto, con esta puta desgana de tanto echarte de menos. Contaba con polvos que me hicieran olvidarte, con orgasmos que sanasen las heridas. No, con esta falta de ganas no contaba.

Y si te pienso no lo entiendo. Las heridas ya no sangran, se están convirtiendo en cicatrices en forma de luna llena, suaves al tacto. Creo que me gustaba echarte de menos, que doliese. Al menos sabía que estaba viva. No, con esta puta muerte no contaba.

Me pongo la penúltima película que me recomendaste, en un intento de despertar algo, de que todo cobre un poco de sentido. No he sido capaz de ver la última, porque la intuyo triste, porque sé que no soportaré otro puto final triste, mientras observo de reojo como mueren uno a uno los finales felices. No hay para siempres. Nunca los hubo. ¿En qué estaría yo pensando?

Observo mi bola de navidad en la mesa. Cuando la mueves el paisaje se llena de calaveritas, y siempre me pareció tierno. Pero mi paisaje nevado de muerte languidece aburrido esperando nuevas navidades felices que ya no vendrán. Me levanto, la acaricio con las yemas de los dedos, la levanto. La observo. La lanzo contra la puerta. El suelo se llena de líquido, de calaveras, de trozos de cristal.

Dos golpes secos a la puerta, seguro que es algún vecino cabreado por el ruido. Pero al abrir la puerta, fingiendo mi mejor cara de desprecio veo su sonrisa.
Joder Ali, me alegro de que sigas viva. Mira al suelo. ¿Qué ha pasado?
He matado a la Navidad, sonrío triste.

Entra sin esperar a que lo invite.

Pensé que me llamarías, dice.

Ya, yo también lo pensé. Pero no soy buena compañía cuando estoy triste.

Me mira. Me mira sin decir nada. Se acerca un poco. Su mirada en mis ojos. Un poco más. Un poco. No me toca, ni me roza. Un poco más cerca. Su olor, su respiración. Un poco más. Empieza a acelerarse mi respiración, siento el corazón en la garganta. Un poco más, sus ojos clavados en los mios. Y de repente no puedo evitarlo, y mi cuerpo reacciona sin contar conmigo, y le beso mientras me acerco más. Necesito que me toque, que me acaricie.
Nuestras lenguas bailan frenéticas, me muerde el labio inferior y el dolor me pone cachonda, me inunda.

De pronto se separa, y me mira mientras yo me cabreo. Joder, no, no pares ahora, susurro.

Vas a suplicarme que pare, pero aun no, espera un poco, contesta con su voz ronca.

Se levanta y me quita casi sin rozarme los pantalones del pijama. Joder, y yo en pijama, pienso. Me quita los calcetines, despacio. Me acaricia los pies. Sabes que me vuelven loco tus pies, ¿no?, murmura mientras un escalofrío me recorre la espalda. Se arrodilla, empieza a lamerme el empeine, después cada dedo. Me mira, gimo. Mete un dedo a la boca, chupa, mordisquea, lo recorre con su lengua. Para. Recorre la planta con la punta de los dedos. Joder, gimo, estoy al borde del orgasmo. Sonríe.

Acaba tranquilo con el segundo pie, va ascendiendo con su lengua, dibujando caminos perdidos, curvas imposibles por mi pierna derecha. Llega a la cara interna del muslo, asciende, lento. Cuando llega justo al borde de mis labios para, frena y se separa.

Tú me quieres matar, protesto.

Claro, ese es mi cometido en la vida, pero antes quiero que me supliques que te folle, sonríe perverso.

Baja al pie izquierdo, y en cuanto empieza  a lamer la planta un espasmo me recorre, me arqueo en el sillón y el orgasmo me provoca convulsiones que querrían morir en su boca, pero él sigue tranquilo, como si no sintiese mi cuerpo retorcerse. Continúa ascendiendo lento, sujetándome con firmeza la pierna izquierda, testigo inmóvil de mis movimientos.

Quiero probarte, dice. Pero no voy a tocarte, aun no. Métete dos dedos, y luego dámelos a probar, quiero ver si tu sabor es tal y como lo recuerdo.
Me meto dos dedos. Quiero tocarme, quiero prolongar el orgasmo. Su mano sujeta la mia.

No, no, no. No te he dicho que te masturbes. ¿Quieres que paremos? ¿Lo dejo justo aquí?

No, gimo. No me jodas. No me vas a dejar así.

Bueno, entonces no seas una chica mala y haz lo que te he pedido. Sigo esperando probarte.

Saco los dedos empapados, brillantes, y los acerco a su boca. Los chupa, los lame despacio, mientras me mira fijamente. Me corta la respiración, y creo que nunca he tenido tantas ganas de que me follen. Nunca he estado tan ansiosa.
Pero él sigue lentamente, lamiendo, chupando. Gimo. Joder. Fóllame. Necesito que me folles ya. Sonríe. Saca los dedos de la boca y me quita la camiseta con calma. Mis pezones están duros, los mira, se acerca y los lame. Los atrapa entre sus dientes y tira. Y yo me arqueo y creo que voy a morir.

Mete sus dedos en mi coño y empieza a penetrarme, mientras el pulgar me masturba, mientras me muerde los pezones. Otro espasmo, más brutal. Las contracciones atrapan sus dedos, que aumentan el ritmo.
Se baja los pantalones, se quita la camiseta y los calzoncillos. Con calma. Me acaricio.

Shhhhh, quieta. Ni se te ocurra tocarte.
Y yo protesto con un gemido, mientras me muerdo el labio inferior.

Se acerca y me besa, le muerdo el labio con fuerza, y noto su sonrisa. Y de un empujón su polla encuentra un hogar en mi. Mi coño la abraza ansioso. Me agarro a su culo y aumenta el ritmo, frenético mientras me sigue besando. Le muerdo en pleno orgasmo, mientras mi cuerpo se mueve incontrolable y noto cómo se acelera su respiración. Un gruñido y cae sobre mi en pleno orgasmo.

Me mira. Sonríe.

No estoy de acuerdo, dice.

¿En qué?

No eres tan mala compañía.

Sonrío. Es que ya no estoy triste.

12 comentarios:

  1. Aix... Como nos gusta que nos "torturen".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nos encanta. A mi así que me torturen cuanto quieran. XP
      Besos preciosa!

      Eliminar
  2. A ver...la parte erótica es estupenda, como siempre, pero a mí me enganchan tus introducciones y tus finales, no puedo remediarlo, después de eso en medio me leería lo que fuera, sin desmerecer eh! Pero joder! es que eres tan buena envolviéndonos en esa atmósfera.
    Besitos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Menos mal! Pensaba que el principio era una pesadez. Cada vez las introducciones son más largas, y la parte erótica se va acortando. Supongo que es inevitable. Mientras me sigais leyendo y me mimeis así yo sigo.
      Un besazo y gracias!

      Eliminar
    2. Por favor! Ni se te ocurra cambiar tu forma! Relatos eróticos mejores o peores hay muchos, pero lo tuyo es otra cosa, es una delicia, para cuando llegas a la parte erótica estás ya enamorada del personaje e imbuida en su estado de ánimo.
      La parte erótica es bella, pero por si sola sinceramente al menos yo no le vería mayor interés, y eso que está muy bien escrita también.
      Que sigas así, es tu sello y lo que te distingue.
      Por cierto, sepas que siempre te leo aquí aunque a veces no comente, en ocasiones no sé ni que decir, y para comentar que me ha gustado pues no me parece necesario.
      Besitos

      Eliminar
    3. Joder. Con lo que me gustó tu respuesta y no contesté. A veces pienso la respuesta tanto que luego me olvido de contestar. Soy un desastre.
      Si te fijas, cada vez la parte no erótica va ocupando más y más espacio. La tristeza se me cuela por los rincones. Pero me gusta la idea de tener algo propio, un sello que me distinga.
      Gracias por estar siempre Inma.
      Besos.

      Eliminar
  3. Inmagina me ha quitado (casi) lo que iba a decir. El principio de este texto me parece brutal, excelente, hay dos o tres frases antológicas y la escena de la bola de cristal...la frase final es una guinda perfecta y sublime y, bueno, la parte erótica me encanta y es lo que le da un todo al conjunto. Ya te dije una vez que no sé ni quiero ni me importa si es real lo que cuentas, pero me maravilla cómo lo cuentas y te repito que tienes un talento increíble no me cansaré de decírtelo hasta que te lo creas, así que continúa escribiendo maravillas como esta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De aquí viene la bola de navidad, pensé que tal vez no lo has leido y te apetece. Me apetecía volver a usarla, ahora que está casi olvidada.
      No me digas esas cosas! O bueno, dímelas, que me gusta, pero sé que no las merezco. Estuve a punto de borrar el post porque me parecía demasiado extraño, demasiado yo.
      Muchas gracias por estar siempre y susurrarme entre cuentos.
      Besos!

      Eliminar
  4. Yo quierooooooooooooo!!!!!!!!!!!!
    que me quiten la tristeza así...de golpe...y matar la Navidad que se acerca...haciendo añicos cualquier cosa...ohhh! Ali...¿¿cómo puedes escribir tan y tan bien???? eres auténtica! tú sientes...pero haces sentir...haces sentir el todo...y vuelvo a repetirme...pero describes de maravilla...las situaciones, las escenas, los sentimientos...
    Es brutal. Brutal!!!!
    y quizás hoy esté un poco triste...pero tu relato envuelve...ME ENCANTA !!!
    BESOS PRECIOSSAAAAA!!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que estés bien. Me preocupó leer que estabas triste. Espero que ya haya pasado.
      Yo también quiero que me quiten así la tristeza, de golpe y sin previo aviso, jajajjajaja.
      Graciassssssssss!! No imaginas cómo me gustan tus comentarios. Siempre los recibo con una enorme sonrisa. Muchas gracias, en serio.
      Besos guapa!!!!!!!! Y anímate, mucho.

      Eliminar

¡Dime lo que te apetezca!