sábado, 30 de noviembre de 2013

Saldando las cuentas de los besos no dados




Me encuentro de repente con tus ojos claros, mirándome fijamente. ¿Cuánto puede durar ese poder que tienes sobre mi? Porque me miras y mi mundo se tambalea, mis convicciones se van a la mierda y un escalofrío recorre mi espalda.


¿Cuánto hace desde la última vez que te vi? ¿Quince años? Tal vez algo más. Siempre fui un desastre con las fechas. Lo único que recuerdo son detalles, momentos, como fotogramas desordenados. Sí, tal vez sean 18. Demasiados. Demasiados y el mismo puto escalofrío en la espalda, el hormigueo que me avisa de que el orgasmo se acerca. Nadie jamás me provocó algo así. Pensé que nadie me lo podría provocar de nuevo, ni siquiera tú. 

Pero me miras y el zumbido crece en mis oídos, y me dan ganas de besarte.


¿Por qué nunca nos besamos? Será que a los quince años uno cree que tiene todo el tiempo del mundo. Además yo estaba convencida de que estábamos hechos para morir juntos. Lo jodido es que lo sigo pensando, aunque la Alicia adulta se niegue. No, nena, nosotras ya no creemos en esas estupideces, ¿no lo recuerdas? Vuelve al fondo del cajón donde te guardé, niñita estúpida, y deja de hacerme perseguir imposibles.


Pero me mira y nos imagino follando, ahora, dentro de veinte años, dentro de muchos más.

Teníamos todo el tiempo del mundo, y esa estúpida sensación de que acabaríamos follando. Había tiempo. Eras el tío más tímido y raro que había conocido. Justo como yo. Y así acabamos. Hablamos. Reimos. Nos abrazamos. Nos emborrachamos. Me sujetaste para que no me aplastase una multitud en aquel concierto. Y, coño, me hiciste pensar que ser como nosotros éramos no era tan jodidamente absurdo.
Porque nos parecíamos, y a la vez eramos tan distintos. Siempre odiaste el agua. Yo la adoraba. Así que cuando ibas a la piscina y te quedabas allí fuera, observando, siempre imaginaba (siempre me gustó mentirme) que ibas por verme en biquini. Y sin embargo siempre fingías que no mirabas. O tal vez no mirabas.Puede.


Después  llegó la vida, esa hija de perra con la que no contábamos. No te volví a ver. Tenías novia, me dijeron, y lloré como una imbécil.  Claro que era absurdo, porque yo también tenía un novio bastante gilipollas. Pero fue como darme cuenta de repente de que tal vez no íbamos a envejecer follando juntos, ni a pasear agarrados de la cintura. Ni a besarnos. Ni a besarnos.


Y pasaron los años. Era como observarte de lejos a través de las palabras de los demás. Ha cambiado, me decían. Supongo que yo también, pensaba.


Y ahora te veo, mirándome con tus jodidos ojos azules, y sí, has cambiado. El tímido dejó paso a un cabrón orgulloso, de esos que hacen saltar todas las alarmas. Pero imagino que es demasiado tarde, mi instinto te reconoce y a la mierda mis alarmas, hijas de puta desconectadas.


Hay besos que deberían darse. Quince, veinte años después ya no son lo mismo, ya no son lo que esperabas. O tal vez sí, pero has cambiado. Hemos cambiado. Habremos cambiado, quizás a peor.
Tu mirada me arrastra, encadenada, hasta tu casa.

Me la enseñas tranquilo, sin rozarme siquiera, pero mirándome con esos ojos. Hay miradas que te quitan las bragas y la razón al mismo tiempo.

Tienes una escalera de caracol, murmuro. Me encanta. 

Sabía que te gustaría, respondes autosuficiente.

Las escaleras de caracol tienen algo que me fascina. No sabría explicarlo. Son como yo, girando sobre si mismas, sobre las cosas, obsesivas y peligrosas, siempre invitando a caer. Siempre me gustaron las espirales. Como tú.

Me coges de la mano y me llevas hasta tu habitación. Me sientas en la cama, me observas apoyado en la cómoda.
¿Arrepentida?, preguntas.
Aun lo estoy decidiendo, digo mirándote a los ojos, buscando al chico que fuiste. Lo malo es que lo veo, allí al fondo, asustado tras toneladas de sufrimiento. O tal vez lo imagino, seguro. Debo estar imaginándolo.


Te acercas y me tumbas mientras me empiezas a besar. Aun puedes irte, susurras en mi boca. Sí, pero primero quiero que me folles, contesto. Y ya me estás bajando el pantalón, ya me has quitado las botas. Joder, veinte años son demasiada espera. Reprimir el deseo tanto tiempo nos convierte en animales furiosos, follando sin demasiada ternura.

Me quitas la camiseta y mientras una mano me masturba por encima de las bragas, la otra me desabrocha sin problemas el sujetador, y sé que estoy jodida. Demasiada experiencia, demasiados sujetadores desabrochados como para pretender ser especial para ti. No dolería si fueses otro, si no importases.

Paseas los dedos por mi cuerpo, me rozas los pezones y mi espalda se arquea ajena a mi voluntad. Ya no me pertenece, eres su dueño. Acaricias mi ombligo y miles de terminaciones nerviosas despiertan. Creo que han estado dormidas toda mi vida. Cuando te acercas a mis pezones siento que voy a morir, que podría morir justo en ese preciso instante. Te detienes. No pares, suplico. Sonríes. Eso quieres, que suplique, que te suplique.

Acercas la lengua a mis pezones duros, los lames, me muerdes, y entonces me arrancas las bragas y sus dedos se pierden entre mis labios. Sonríes de nuevo. Estás muy mojada, dices. Estoy inundada. Deslizas tus dedos por mis labios, y los sacas brillantes, los chupas, los vuelves a deslizar, los metes en mi boca, en un brindis con mis fluidos. Sigues mordiéndome los pezones y las heridas desaparecen, las cicatrices se difuminan, y por un segundo somos aquellos que fuimos, ingenuos, sin que la vida hubiese clavado sus uñas en nuestra espalda mientras nos follaba sin amor. Y durante ese segundo todo cobra sentido y vuelvo a creer en que todo es posible.


Sin quitarte los pantalones empiezas a empujar, subes y bajas, noto tu polla dura a través de la tela. Quítate los pantalones, susurro. Te los quitas y me la metes, mientras tus dedos siguen deslizándose por mi clítoris, y noto un latigazo que va desde la nuca hasta el punto que nos une, y mis contracciones abrazan tu polla hasta que somos casi uno.

Sigue follándome, no pares, suplico. El pasado me muerde los pezones mientras con una mano me abre las nalgas para llegar más adentro, buscando un hogar en mi coño.
Te giras y me dejas que te cabalgue, que yo marque el ritmo. Me lo tomo con calma, quiero disfrutar el momento, tener un orgasmo lento y largo Cuando llega acelero, mi espalda se curva, mi pelo acaricia tus hombros. Entonces me agarras las caderas, te aferras firme a mi culo, y ya no hay ni un milímetro que separe nuestros cuerpos. Aumentas aun más el ritmo, me subes hasta que casi nos separas, y entonces me bajas con fuerza. Miles de descargas recorren mis piernas y no consigo mantenerme erguida.


Entonces sales completamente, me pones de espaldas, tumbada en la cama, agarras mis caderas y las elevas. Quedo a cuatro patas. Me penetras sin preliminares. Dolor. No. Placer. Y dolor. Me gusta ese dolor. Me corro mientras aumenta la fuerza de las embestidas, mis codos ceden en pleno orgasmo, mi cara se aplasta contra la almohada. Observo tu mano ante mis ojos, el anillo en el pulgar. Me metes los dedos en la boca. Chupo, muerdo. Escucho cómo cambia tu respiración. Sacas los dedos de mi boca y los metes en mi coño.

Tengo un orgasmo brutal en cuanto tus dedos rozan mis labios. Con un gruñido das la última embestida y caes sobre mi espalda.



No hay más besos. Ni un puto abrazo. Durante un momento espero,  te observo mirando un punto indeterminado del techo. Ya no estás allí. Ya no te reconozco. Me levanto y me ducho. Te duchas mientras me voy vistiendo.
Conversación banal. Ya no hay rastro de nosotros, de lo que fuimos. Supongo que nos acabamos de asesinar. Cuentas saldadas. Fin.

Contestas un mensaje del móvil. Alguien importante, supongo por tu sonrisa. No tan importante como para no follar conmigo, me susurra la cabrona que me habita.

Me acompañas a la puerta. Por un segundo creo que me besarás. Allí al fondo de tus ojos, por un segundo me ha parecido verte. Pero debe haber sido un reflejo, una mala pasada de mi mente.
Un polvo perfecto. Si no nos hubiésemos matado. Si no hubiésemos matado toda posibilidad de ser un nosotros. Sí, supongo que sí hemos cambiado. Tú por lo menos.

Yo sigo siendo esa estúpida que envejecería follando contigo. Lástima.

14 comentarios:

  1. Demasiado triste Alicia, y no obstante soy partidaria de saldar las cuentas y cerrar el capítulo. Mejor matar, mejor morir, que seguir agonizando día tras día con las cuentas pendientes y las expectativas que se alimentan de nuestros sueños idiotas.
    Mejor pisar tierra, esto es lo que hay, y a partir de ahí poder dejarlo atrás, mejor la decepción, la tristeza de la realidad que seguir viviendo de fantasías.
    Besos

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    1. Es mejor arrepentirse de algo que has hecho que quedarte con la eterna duda. En cualquier caso intento no arrepentirme, y sacar algo bueno, aunque sea lo que he aprendido (o lo que disfruté, juas). Aun así no se saldan las deudas, por más que creamos que sí, y que haya que hacerlo. Porque esos dos que follaban no eran los mismos que antes desearon hacerlo, porque a veces las cicatrices son demasiado ásperas, y no dejan que nos acariciemos como deberíamos.
      Mejor la realidad, siempre. Y mira que yo vivo soñando la mitad o más del tiempo, pero aun así.
      Besos y gracias.

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  2. "Hay miradas que te quitan las bragas y la razón al mismo tiempo."
    Y cómo nos gustan esas miradas no cariño?

    Tengo que hablar con vosotras, este de hoy ha sido demasiado nostálgico... me parece que los imposibles empiezan a apretarnos otra vez, bonita.

    Un abrazo largo largo, de esos nuestros.

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    1. Y cómo morimos por esas miradas. Ay. Si es que...
      He leido a Pomette después y he entendido el comentario. Nos ha dado el día moñas. En cualquier caso esto es pasado, otra deuda que hace tiempo quería saldar conmigo misma. A veces no entiendo lo que he sentido hasta que lo escribo. Ya pueden pasar años. Y luego un día me siento, escribo sobre lo que creí que no sería capaz y es como si entendiese todo de repente. Nunca fui muy lista, jajajja
      Para mi cualquiera es imposible. Huyen despavoridos en cuanto me acerco demasiado y me conocen. Ser un monstruo es lo que tiene.
      Uhmmmm, me quedo a vivir en tu abrazo!!
      Besos.

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    2. Sí, se ve que hoy no era día de hadas madrinas, gatitas, muñecas y niñitas... pero no pasa nada.
      Nena, no eres mi tonta ni monstruo. Te lo digo yo.
      Besos...

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  3. Es un relato magnífico, está tan bien descrito ese anhelo de la protagonista por encontrar algún resquicio del pasado en los ojos de él,esa certeza de estar asesinando, pese al inmenso placer, un sueño, una esperanza, la tristeza que impregna todo el acto sexual aún así tan excitante como inerrunciable, la sensación de vacío de después. Es magnífico por que está excelentemente escrito con una capacidad extraordinaria para transmitir esos sentimientos tan complejos y contradictorios y con ese par de frases cojonudas que nos regalas en cada texto...me encanta. Dices por ahí arriba que eres un monstruo, ya sabes que algunos adoramos a los monstruos, nos identificamos con ellos y los preferimos al resto de la gente "normal". Un besazo y gracias por escribir.

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    1. Ese "algunos adoramos a los monstruos" sabes que me llegó al alma. Siento haber tardado tanto en contestar. Soy un puto desastre.
      Gracias por leerme siempre con tan buenos ojos. Gracias por estar.
      Fue triste, es cierto. El final due triste. Pero tenía que ocurrir. Hay besos que hay que dar. Aunque sea a deshora.
      Un besazo.

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  4. "Hay besos que deberían darse.Quince, veinte años después ya no son lo mismo, ya no son lo que esperabas."
    No, nunca son lo mismo...cómo cambiamos tanto las personas...a mi me gustaría ser llana, no pensar, no desear, no querer más...ser normal...pero ¿eso se lleva en los genes? ¿se busca? bueno...lo más importante..saldar las cuentas...una se queda más tranquila...y el pasado se queda ahí...o no...pero ¿qué importa? asustado o no...se queda en el pasado...
    El presente y todo lo que vivimos, eso es lo que importa.
    Me encanta!! sigo diciendo que eres lo más. Escribes de maravilla. Y tus relatos son fantásticos...FANTÁSTICOS.
    Un besazooooo!!!

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    1. Si no saldas cuentas te quedas eternamente enganchada a un "y si...". Al final eso pesa más que cualquier realidad. Y, bueno, el final fue triste. Pero el polvo fue de esos que te marcan, que crean perversiones que perdurarán en el tiempo.
      Muchas gracias!!! Cómo me gustan tus comentarios...
      Un besazo!!

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  5. Te envio un beso Ali, un beso para que cuando pasen los años, siempre recuerdes esos besos virtuales enviados. Y no tengas que añorarlos como los de tu historia.
    Me ha encantado tu historia, el cómo la cuentas y cómo la vives. Tienes mucha razón en lo que explicas. El tiempo nos cambia y ya nada vuelve a ser lo mismo. Las cuentas mejor cerradas y saldadas.

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    1. Ese beso... ese beso me lo guardo en la cajita de los tesoros. No creas que lo olvidaré.
      Hay cosas que si no las haces se enquistan, y te van matando por dentro.. Pero sí, cambiamos. No podemos pretender estar besando a la misma persona que quisimos besar hace 20 años. Porque no es la misma persona, ni nosotros tampoco.
      Besos. De los de verdad.

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  6. En mi opinión no es triste, triste sería envejecer con la eterna duda royendo el interior, triste y peligroso.
    En ocasiones los lazos que nos unen también nos axfisian, siempre es mejor capitular, pasar página o incluso cerrar el libro y quedarse con la belleza efímera del momento.

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    1. Cierto. Quedarse con la duda es siempre infinitamente peor. Pero a veces ni algo así hace que los lazos (imaginarios) se rompan del todo. Ni que pases página por completo.
      Un besazo.

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  7. el principio me suena tanto,esas personas que piensas que son para ti y por creer que jamas desapareceran de tu vida,ni lo imaginas...te dejan de lado y solo kedan recuerdos raros,pasajeros,no los que querias...no los que mereciamos

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