sábado, 5 de octubre de 2013

Una mesa sólo para ti...

Enciendo el ordenador. He recibido un mensaje que me ha golpeado en los recuerdos, en las ganas, en el puto corazón muerto que una vez ocupó mi pecho. Los pezones han empezado a gritar de nuevo frases de amor, a doler de ganas.

Tu mesa nos echa de menos. Dile que me espere esta noche. Y joder, no hay forma de decir que no, porque sí, nos echa de menos, casi tanto como yo te echo de menos a ti, como echo de más a la puta tristeza. ¿Cómo venzo a la certeza de que nunca nadie conseguirá que abandone así a mi razón? ¿Cómo sigo adelante intuyendo que nadie me follará como tú?

Así que pongo el portátil encima de la mesa, y me visto para la ocasión. Pero esta vez es distinto. Hoy no me vas a follar, hoy no conseguirás lo que quieres, ni yo tampoco, así que tómatelo con calma mientras me desnudas con la mirada.

Sólo necesito escuchar tu voz para ser perra en celo, para inundarme y abandonarme al placer. Tu don son las palabras, y, coño, lo peor es que lo sabes. Hoy no nos saludamos, no hay formalidades, ni preguntas. Hoy es sólo esto. Y ese sólo suena absurdo, ridículo, porque esto es un universo entero. Esto es sobre lo que escriben los poetas, por lo que se inician guerras. Esto lo es todo.
Me miras a los ojos mientras me vas pidiendo, no, ordenando lo que quieres.

Desabróchate la blusa.

Llevo una camisa blanca, abotonada hasta el lunar que hay entre mis pechos, sobre el borde del pecho derecho. Deja ver la marca de nacimiento que tanto me avergonzaba en mi adolescencia. La acaricio suavemente mientras desabrocho los botones, uno a uno, sin prisa. Mantengo tu mirada mientras te desabrocho mi alma y mi piel se eriza bajo tu mirada. Joder, si me sigues mirando así no habrá kilómetros suficientes en el universo para evitar que vaya y te folle con saña, con toda la perversión que aun no ha sido imaginada.

El último botón se separa de la tela y la blusa queda abierta. El sujetador negro resalta sobre mi piel. Empiezo a desnudar mis hombros, esos que se mueren por tener clavados de nuevo tus dientes, y la blusa cae al suelo. Acaricio alrededor de mi ombligo, paso la yema de los dedos rozando los pechos, desabrocho el sujetador y lo arrojo a un lado. Mis pezones te saludan, duros y excitados.

Pellízcalos.

Los pellizco, tiro de ellos, el dolor me produce un placer que siempre me resulta inesperado.

¿Has traido hielo?

Saco un cubito del vaso que hay sobre la mesa y lo paso por los pezones. Un espasmo me recorre desde la nuca y me arqueo. Te miro, sonríes. Conoces el poder de tu voz, de tus órdenes, de tu mirada. Me excitas de una forma que nadie más consigue.

Muevo la pantalla, para que me veas las piernas. Llevo una falda con vuelo y mis tacones altos. Para ti, sólo para ti. Cada vez que los veo en el zapatero mi mente se llena de imágenes de nosotros follando, yo con los zapatos puestos, tú arañando, azotando, agarrándome de las caderas mientras los tacones se clavan en tus piernas. Placer. Dolor. Placer.

Bajo la cremallera de la falda y la retiro con un pie cuando cae al suelo. Miras mis bragas. Tienen edificios vacios, árboles muertos, como los de aquella blusa de la musa que anudaba rabos de cereza con la lengua. Cuando las vi pensé que hacían juego con mi alma, que se ha llenado de lugares deshabitados.
Las miras desconcertado, sonrío. Me encanta desconcertarte, sorprenderte. Me bajo las bragas , muevo el portátil y me tumbo sobre nuestra mesa. Apoyo los codos en la madera clara y poco a poco separo las rodillas, lento, muy lento, hasta que te desesperes y me pidas que me abra de piernas.

Me miras. Silencio. Sigo con calma infinita el leve movimiento, haciendo este puto instante eterno. Al fin claudicas. Sonrío triunfal mientras ordenas.

Ábrete de piernas.

Casi apoyo las rodillas sobre la mesa. Acaricio la cara interna de los muslos sin apartar la mirada de tus ojos. Me gusta observar cómo me miras. Deseo, eso hay al otro lado de la pantalla. Bien. Yo también te deseo. Separo la mano y me doy un azote. La piel arde, se enciende. La acaricio de nuevo. Los dedos de la mano derecha pasean por mis labios. Resbalan en mis flujos, acaricio suavemente mi clítoris, haciendo círculos infinitos. Te miro, me quito el zapato izquierdo y empiezo a acariciarme con el tacón, mientras el tacón del derecho se clava en mi nalga. Joder, escalofríos. Me pellizco el pezón izquierdo, ese pequeño hijo de puta que te recuerda a diario, y el orgasmo me invade. Me arqueo totalmente, pero mis ojos siguen clavados en los tuyos. Quiero ver tu cara al ver las contracciones de mi coño, al ver cómo disfruto para ti. Mis ojos se han vuelto verde orgasmo por ti, ¿los ves?

¿Te apetece un tequila?, pregunto sonriendo, mientras vierto el vaso en mi coño. Pues ven a lamerlo.
El calor del alcohol, mis flujos, mis dedos pellizcando el pezón, el tacón sobre mis labios,… Otro orgasmo brutal me golpea, mientras bajo el ritmo para prolongarlo.

Dime que me quieres, ordenas. Pero no suena a orden, hoy no.

Te quiero. Aun te quiero.

12 comentarios:

  1. Ufff...como escribes...como describes la situación. Es realmente admirable.
    Por otro lado, veo que disfrutas, seduces, pero a la vez dependes. Las dependencias de alguien no son buenas compañeras. Una buena zorra desalmada no lo haría,
    Te has de dar tiempo.
    Besos

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    1. Uhmmm gracias.
      Tengo que mejorar la reconversión. A la que me descuido me sale la cervatilla.
      Te contaré algo. No es dependencia. Hace un par de años aprendí la diferencia entre necesitar y querer. Tú crees que necesitas a alguien, que morirás sin él. Pero nunca mueres, por más que a veces quisieras. Pero el mundo no para, y sobrevives. No le necesito (estaría bien jodida), otra cosa es que le quiera. Pasará, tiene que pasar. A ver si mejoro lo de la zorra o tendré que cerrar esto hasta que asesine a la cervatilla.
      Besos. Y gracias, en serio.

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    2. Vas bien...Solo date tiempo y ten paciencia contigo. Quizás más adelante a la cervatilla le salgan dientes y uñas ;)
      Besos

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    3. Que le salgan ya! Juas.
      Besos!

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  2. Amiga, tienes un altisimo vuelo descriptivo! Me has captado desde el principio al fin!

    El juego de la seducción implica ese tire y afloje que a veces pone en descubierto zonas vedadas para el otro.

    Bien, chica, un gusto leerte . Besoss ♥

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    1. Me alegra haberte enganchado.
      El juego de seducción es un continuo tira y afloja hasta que la cuerda se rompe, juas.
      Un placer tenerte aquí. Leerte es excitante.
      Besos!

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  3. Ay Ali... hoy me siento como si hubiera estado espiando por ese agujero de cerradura del que tanto hablo y al que tanto temo...

    Qué voy a hacer contigo...

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    1. Entonces imagino que me he pasado y he sido triste y patética.
      Conmigo? No descartes matarme. Soy un personaje de ficción, y si sigo escribiendo así al final mi otro yo me asesinará. No creo que queden muchos posts para ello.
      Besos Ficti.

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    2. No cariño, has sido desgarradoramente íntima. Es eso.
      De patetismos nada. Uy, también vosotras andáis en guerra?
      Besos Ali.

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    3. Ufff, continua. La tierna debe morir, pero me está costando trabajo asesinarla. Al final la muy mosquita muerta ganará y Ali desaparecerá. Mejor. Así dejo de desgarrarme las entrañas en público.
      Besos y mejórate del todo preciosa!

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  4. Ali no debe morir... porque es la fuerza de la "mosquita muerta" que dices, sin ella no es nada, es la que realmente mueve su interior y eso no se evita, se vive...

    Y yo voy a comentar el relato, que es más que estupendo. Yo no entiendo de literatura, solo de lo que me llega y lo que no y los tuyos llegan
    Besos abisales

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    1. Me encanta que te lleguen. Es importante para mi.
      Tal vez sí que sea la cuestión vivirlo. La necesito, necesito ser un poco ella, y hay mucho más de mi en esto de lo que yo planeé al principio.
      Un besazo guapa, y gracias por estar siempre!

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