sábado, 28 de septiembre de 2013

Despertar a mitad de noche con hambre de...

Despierto asustada, sin saber dónde estoy. He soñado contigo. De repente noto la mano que duerme sobre mi ombligo y me alegra no hablar en sueños. No hablaré en sueños, ¿no? Siempre olvido preguntarlo. Hace demasiado tiempo que no dormía con nadie. Podría gritar en sueños y nadie se daría cuenta. Pero un lobo dormita tranquilo sobre mi ombligo, lo acaricio, pura tinta inyectada bajo la piel, pero tan perfecto…

Me escurro bajo su abrazo y camino hasta la cocina. Necesito beber agua, despejarme y ahuyentarte de mi cabeza. Despierta te mantengo alejado, convenientemente escondido bajo todo el sentido común que soy capaz de reunir. Pero las noches son tuyas, y paseas desnudo por mis sueños, como si te pertenecieran, como si en ese jodido instante fueran todos tuyos. Como si fuera toda tuya. Abro la nevera descalza y el frío me recorre, eriza mi piel, me hace sentir viva de nuevo. Tengo hambre, pienso. Me he olvidado de comer. Nos hemos olvidado de comer. Bebo agua de la botella, en un gesto de posesión de esa casa, que tras un día  y medio siento casi como un hogar, y empiezo a rebuscar entre las cosas algo que me apetezca.

Un dedo de repente recorre mi espalda. Un escalofrío le sigue, arqueándome levemente. Joder, el más mínimo roce te excita, eres una zorra en celo, sonríe mientras me gira y empieza a besarme los hombros. El culo toca una de las bandejas, el frío me recorre.
¿Qué buscas?, pregunta mientras sus dedos acarician mis labios, distraídos. El clítoris despierta, mi inundo en cuanto lo roza. ¿Ya estás así?, pregunta mientras ríe a carcajadas. Me encantas, no imaginas cómo. Me vuelves loco, dice al ver que me avergüenzo de mi humedad. Joder, es cierto que parezco una perra en celo. Apenas me toca mi cuerpo reacciona, exagerado.

Yo venía a comer algo, contesto casi con un gemido.
Buena idea, contesta. Necesitamos reponernos. Aun te quiero follar un millón de veces más. Tienes que comer algo. Y cuando me doy cuenta ya ha encendido la luz de la cocina y empieza a prepararme una ensalada. Me apoyo en la mesa y le observo mientras va y viene desnudo, enorme, pelando manzanas y troceándolas, cortando queso, lavando lechuga.
Nos sentamos y comemos callados, mirándonos a los ojos de vez en cuando, disfrutando del silencio compartido. Cuando estamos acabando de repente recuerda algo y se levanta. Observo su culo perfecto alejarse, bajo el cielo estrellado de su espalda, y me dan ganas de seguirlo y atacarlo en pleno pasillo. Pero me quedo sentada, sin saber qué hacer. A veces la timidez me supera. Me siento insegura, allí sentada sola en una cocina que no es la mia.
Cuando entra de nuevo pone en mi mano una caja diminuta. Tu regalo de cumpleaños, dice mientras su mirada se clava en la mia.
Pero mi cumpleaños fue hace mucho, casi 5 meses, contesto.
Lo guardaba por si algún día te decidías a venir, y su labio tiembla un poco mientras lo confiesa.
Abro la caja y veo un colgante precioso, perfecto. Una libélula de metal, imperfecta, como inacabada, totalmente perfecta.
Te la hice yo, dice mientras me lo ata, acariciándome la nuca. Joder, había olvidado que antes se dedicaba a esto.
Es perfecto, me encanta, susurro.
Agarra la libélula y tira de ella hacia él. Me levanto y su mano me coge del culo, me levanta y me apoya en la mesa. Suelta la libélula y me quedo tumbada, con las piernas colgando. Lo abrazo con ellas y lo acerco hacia mi, ansiosa. Abre la nevera y saca algo, mientras con la otra mano me acaricia el costado derecho. Me arqueo, la piel gritando que siga, elevándose para acercarse a su tacto.

Ahora voy a comer el postre, dice mientras abre un bote de sirope de fresa y empieza a verterlo por mis tetas, alrededor del ombligo, llenándolo hasta que es una laguna de fresa, en el hueco del cuello. Me abre las piernas con sus muslos y me riega de fresa el coño, mientras empieza a lamerme los pezones. El sirope frío, su lengua caliente, la saliva y la fresa,… Un escalofrío me recorre, un espasmo. Levanta la cabeza y me mira, sonriendo con las comisuras llenas de fresa. ¿Ya? Ay, Ali, Ali, ¿Qué voy a hacer contigo? Y me agarra de nuevo de la libélula, acercándome a su boca. Sabe a fresa.
Su lengua lucha frenética con la mia, mientras sus dedos agarran mi clítoris y tiran de él. Se aleja, vuelve a lamerme, recorre el camino de mi ombligo, se detiene a beber de él, y baja hasta mi coño sediento, lo lame, muerde con fuerza y vuelve a lamer. Coge el clítoris entre los dientes y grito, mientras un nuevo orgasmo hace que convulsione. Las contracciones golpean sus dientes.

Me agarra de las caderas y me baja de la mesa, me gira y me deja con el pecho apoyado en la madera, mi culo esperándolo ansioso. Clava sus dedos en los omoplatos, y va bajando, apretando fuerte, arañando, mientras la otra mano me penetra. Mete dos dedos en mi coño. Más, gimo. Ríe, mete cuatro y entonces, sin previo aviso mete su polla en mi culo. El sirope de fresa lo lubrica, facilita la entrada. Grito, Me agarra del cuello, Mientras entra y sale casi totalmente de mi. Sus embestidas bruscas me excitan. Me da un azote, y el calor estalla en mi coño, mis contracciones atrapan sus dedos, su polla, y sigue con su ritmo brutal mientras yo grito.

De repente me suelta el cuello, alarga la mano y noto algo helado en mi espalda, chorreando por los costados. Los hielos se derriten al contacto de mi piel, y los escalofríos me recorren.
Fóllame. No pares. Quiero que me partas en dos, que me aniquiles.
Me agarra del pelo, tira hacia atrás, el cuello queda en una posición incómoda. El sometimiento me excita. La incertidumbre. Puede hacer conmigo lo que quiera, en este momento estoy a su merced, pienso. Y otro orgasmo me sacude. Acerca sus labios a mi oído. Eres una pervertida, susurra, mientras aumenta el ritmo de sus embestidas y su respiración cambia.
Se corre con un gruñido seco, tirando más fuerte del pelo. Se corre en mi culo y después se deja caer en mi espalda. Su peso me aprisiona, su mano aun acaricia mis labios.

Permanecemos así un par de minutos. Se levanta, me coge en brazos y me lleva hasta el baño. Ahora te voy a duchar Ali. ¿Alguna petición para la ducha?
Y me doy cuenta de que sí, de que tengo varias, de que tengo ganas de follar con él sin descanso.

Mi móvil yace muerto en el bolso. La batería se agotó hace horas. Y me da igual. Afuera el mundo puede derrumbarse. Que llamen. No importa. Hacía demasiado que el móvil se había convertido en un método de automutilación.
Alguna, contesto.
Perfecto pervertida mia. Mia, mia, mia, resuena en mi mente. Y, coño, suena tan bien…

10 comentarios:

  1. Muy bien, con ese toque “Nueve semanas y media” y detalles románticos y sórdidos a la vez ;)
    Tienes que añadir el Twitter al blog de rarezas, tus seguidores va a flipar, eres la más prolífica –y de calidad- de nuestro disfuncional grupo blogger…xD
    Besos musa!

    Pd: Bonita foto!

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    1. Es que yo soy así, ya lo sabes, una pervertida tierna, una romántica a la que le gusta cierto tipo de sexo un tanto sórdido.
      Jajajjajaja tengo que añadirlo, estaba pensándolo, pero antes tengo que arreglar algunas cosas que descuadré cuando añadí el enlace a este blog. Me da pereza, ese montruo que nos acecha.
      Ohhhhhhh, gracias. Me has llegado a ese corazoncito que intento esconder y fingir que no tengo.
      Besos poeta!

      Pd: Esa era la que estaba haciendo cuando vino mi loca a mostrarme la Calle de las Impertinencias. Le tengo cariño por eso, creo.

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  2. Me ha encantado, no hay porqué comparar, pero el que más hasta ahora, y creo que tiene que ver con lo que comenta Mario, lo detalles románticos, toda la primera parte, es preciosa. En general añades muchos más detalles que en otros textos, y en lugar de dispersar la atención o distraer, centran y enriquecen.
    La libélula es un ejemplo de lo que digo, aunque hay más.
    Besitos, siempre me haces anhelar un tipo de historias que hace tiempo dejé atrás, y me pongo nostálgica.

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    1. Lo siento. En serio. Yo creo que también las he dejado atrás, me temo. Las echo de menos, intensamente. De ahí los textos, supongo. Es como ver alejarse algo jodidamente perfecto e intentar retenerlo, cosa totalmente inútil, por supuesto.
      Me alegra que te gusten mis detalles. Inundan todo a la que me descuido.
      Un beso, y me alegra que te haya gustado.

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  3. Coñoo Ali !! Cómo escribes-describes... No se que pensar. Fue un sueño? Fue real? No lo desveles...
    Está realmente genial...

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    1. Gracias!!!!! Ese Coñoo Ali me ha llegado al alma.
      No lo desvelo, jajjajaj
      Muchas gracias.
      Besos!

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  4. Ya lo han dicho por ahí pero es cierto que esa mezcla entre sexo (yo no diría sórdido sino salvaje) y romanticismo, esa descripción exacta de sensaciones, sabores, texturas, ese no saber (ni querer) qué es realidad y qué ficción...que escribes muy bien, coño, ya está. Besos.

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    1. Sexo salvaje y romanticismo. No están reñidos, verdad?
      Me hace ilusión lo de las descripciones. A veces me pierdo un poco en ellas.
      Gracias! Me ha encantado!
      Besos!

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  5. Quererse a uno mismo...

    Siempre lo cuento: tengo una buena amiga. Hace años siempre quedaba con ella y nos contábamos nuestras cosas. Cuando me veía un poco apagado, se me quedaba mirando, se acercaba y siempre me daba la misma receta: "¡Tú lo que necesitas es un buen polvo para quitarte tanta tontería! ¡Un bueeen polvo! Sí: eso es lo que necesitas". Y bueno, quién soy yo para contradecir a una buena amiga? ja, ja, ja, ja. Creo que todo el mundo necesita un bueeeen polvo de vez en cuando. Eso y quererse a uno mismo; y no precisamente en ese orden... Me ha gustado mucho tu historia. Me encanta el toque del colgante de metal (¡libélulas!) y la cena desnudos... En cuanto a lo demás, voy a fumarme otro cigarro! ja, ja, ja.

    Besos, damisela terribilis!

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    1. Libélulas, sí. Me alegra que te guste.
      Un buen polvo y quererse a uno mismo... Pues hoy me perdonas, pero hoy es tan imposible lo uno como lo otro. Follar es fácil. Lo difícil es encontrar a alguien con quien te apetezca. Y cómo sólo follaría... Bah, qué más da. No follaré. Descarta el polvo. Y lo de quererme... Lo difícil es quererse cuando eres alguien como yo. No, hoy no es difícil, hoy es imposible. Y me perdonas, pero la tristeza lo ha invadido todo de una forma que no consigo recordar. Me ha pillado desprevenida y soy incapaz de gestionarla. Menos de fingir que puedo llegar a quererme. Otro día sonrío y te miento.
      Un beso chico perverso.

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